¿No os ocurre que casi cada día o al menos semanalmente leéis noticias tipo “Fulanita Corporeision, la mejor empresa para trabajar de España y de Europa”? A menudo se trata de empresas tipo Google en las que parece que el mejor entorno para trabajar se identifica con la decoración color parchís muy cool y con instalaciones modernas que incluyen gimnasio, guardería y todo tipo de gadgets extraños que deben servir para algo. En otras ocasiones, se trata de empresas a las que les han otorgado un certificado oficial u oficioso (depende de si quiere indagar quién lo concede) que acredita que un banco, una compañía, una pyme, etc. reúne ciertas condiciones y requisitos, que les hacen ganarse el título de “mejor lugar” para trabajar.

En Apóstrofe Comunicación todavía no hemos presentado ninguna candidatura a estos certificados pero cuento con datos fidedignos que se me han proporcionado off the record que demuestran que en nuestras oficinas se respira un ambiente sano y productivo para todos: empresario, empleados, clientes, proveedores, visitantes y todos los que les rodean.

Fuentes anónimas me han confesado que ciertos  empleados de la agencia alardean de trabajo, hablan de las bondades de sus clientes, hacen propaganda del ambiente laboral y dejan caer comentarios del tipo: “Pues yo la verdad es que voy a trabajar contento” (sobre todo cuando viene a cuento, es decir, cuando en un grupo de amigos o en una tertulia familiar se está despellejando al jefe, compañera o secretario de alguien).

Glup. ¿Dónde se ha visto semejante actitud? Además de políticamente incorrecta, resulta excéntrica, más propia de personas que están disfrutando de sus vacaciones, de un momento dulce en su vida, en fin, viento racheado, como quien dice. Voy a tratar de descifrar el porqué de este sentimiento común, aunque el post La trompa amiga ya daba ciertas pistas allá por el mes de julio.

  • Pongamos por ejemplo a nuestro director del área audiovisual: ¿pues no va el muy impertinente e interrumpe todas las conversaciones en las que la gente se ensaña aludiendo a su entorno laboral y dice “Perdón, perdón, pero siempre hay excepciones, y mi empresa es una de ellas”? Mmm. ¿Será que estamos todos los días hablando de sus temas favoritos (antropología y cine) en la oficina? ¿Es posible que sepa que sus comentarios van a llegar a oídos de su jefa en algún momento y quiera granjearse su favor? o ¿es que realmente está contento en su trabajo, además de rodeado de estupendas profesionales de las relaciones públicas que admiran su profesionalidad y, para colmo, se lo hacen saber?
  • Nuestra Social Media Strategist, con un cloud de cerca del 70 sobre 100, #ENOtender de pro y del norte (“by the way”): resulta que ha llegado a mis oídos que “desde que se incorporó a Apóstrofe [va a hacer un año] la verdad es que se la ve muy feliz, ha encajado fenomenal con todos vosotros ¿no?”.  Vaya. Me encanta escucharlo, lo reconozco, pero ese comentario ¿tendrá alguna motivación escondida que lo justifique? Improbable. Mi fuente no echa piropos (también es del norte).
  • Continúo investigando. Nuestra ejecutiva de cuentas fashion por naturaleza. Este caso sí que llama la atención: a la cara, sin rodeos, confiesa públicamente venir a trabajar diariamente feliz porque “cada día es diferente, estoy aprendiendo mucho y disfruto mucho con todos”. ¡Qué queréis que os diga, si ella lo dice, yo no soy quien para contradecirla!

De acuerdo, esto parece la consulta del psicólogo que te dice: “Apunta en una hojita todo lo positivo que veas en tu vida” y yo, acto seguido escribo lo siguiente:

  1. Apóstrofe Comunicación, la empresa que fundé en 2009.
  2. El equipo humano que lo compone, con el que no sólo empatizo, sino que simpatizo porque son grandes profesionales con una categoría humana sobresaliente.
  3. La innumerable cantidad de personas que conozco a través del ejercicio de mi profesión, muchas de las cuales ya han dejado poso en mi vida.
  4. Los conocimientos, aunque a veces no sean tan profundos como me gustaría, que adquiero sobre los sectores en los que trabajan nuestros clientes.
  5. La paciencia, confianza y fidelidad a unos principios que he desarrollado desde que nació Apóstrofe.

Pues sí, soy una persona afortunada pero como no quiero generar envidias y me gustaría que todos pudierais disfrutar de un ambiente laboral similar al “apostrófico” os recomiendo un gran libro, Inteligencia musical, de Íñigo Pirfano, director de la Orquesta Académica de Madrid, que ha crecido en parte de nuestra mano, pues es cliente de Apóstrofe. “Desde la música, ofrece [Pirfano] multitud de ideas frescas y sorprendentes perfectamente aplicables  a las relaciones humanas (…)”, entre ellas a la capacidad de gestión y de liderazgo (…)”. No puedo estar más de acuerdo con el 100% de los contenidos del libro, que debéis leer. Os regalo una de mis citas preferidas:

“Mediante la simpatía y el trato afectuoso, unos conocen y comparten los intereses de los otros: se comprenden y respetan sus valores, y se crea dentro del equipo un clima de comunicación y compromiso. En una palabra, se escuchan; dentro y fuera el escenario. Una persona que se sabe comprendida puede trabajar bien; pero una persona que se siente querida siempre va a dar lo mejor de sí misma”. 

 

 

 

 

 

 

 

 

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María APTF

María APTF

Soy periodista, filóloga y máster en estudios literarios. Fundé Apóstrofe en 2009, tras más de una década de experiencia como directora en agencias de comunicación. Intento ofrecer excelencia, calidad y valor añadido a empresas e instituciones que quieren crecer y consolidarse. Hago míos los objetivos de nuestros clientes, me gusta implicarme y establecer relaciones duraderas. Confío en la comunicación como herramienta para cambiar el mundo. Me apasionan las humanidades en todas sus facetas.