Cuando veis la adaptación al cine de un libro, ¿no os sentís traicionados si cambian la historia original? Supongo que la sensación será mayor en películas basadas en hechos reales. Eso que a veces no te gusta es lo que algunos llamamos “licencias narrativas” (chan, chaaaaaan).

Las licencias narrativas básicamente son cambios, arreglos argumentales que modifican en mayor o menor medida el hecho/relato original o su verosimilitud en favor una pretendida mejor comprensión de la historia y su mensaje.

Podríamos extendernos más pero, ¿pa qué? Vayamos directos a los ejemplos. En la exposición procederé en orden inverso según la naturaleza perversa de la licencia narrativa.

1. Cineastas como Alfred Hitchcock o Andrei Tarkovsky acostumbraron a intervenir en la elaboración del guión de sus filmes. Ambos gustaban de introducir licencias narrativas que en muchos casos mejoraban la historia literaria. El caso de Stalker (Tarkovsky, 1979) es buen ejemplo de ello. El gobierno comunista ruso obligó a los hermanos Strugatskiy, autores del original, a seguir fielmente los deseos del genio cinematográfico para la adaptación de la obra; este es uno de los pocos éxitos humanitarios del régimen comunista. Por su parte, casi todas las películas de Hitchcock fueron adaptaciones. Él sólo se quedaba con un par de ideas de la novela y reelaboraba el resto adaptádolas al lenguaje cinematográfico; véase Psicosis (1960).

Fotograma de Stalker, de Tarkovsky

Fotograma de Stalker, de Tarkovsky

2. Una cosa son las licencias narrativas en la adaptación de historias de ficción y otra las que se refieren a historias protagonizadas por personajes históricos. Este es el caso de Copying Beethoven (Agnieszcha Holland, 2006) que fantasea sobre cómo habría sido la composición de la novena sinfonía del compositor alemán si se hubieran dado ciertas circunstancias. A pesar de esta aparente falsedad se trata de un relato muy auténtico, pues no persigue intereses documentales. Sólo quiere hablar del ser humano y de la música. La licencia narrativa de esta gran historia es de las mejores y más justificadas de los últimos años.

Fotograma de Copying Beethoven , de Holland

Fotograma de Copying Beethoven , de Holland

3. Se da el caso de licencias que, pretendiendo acercar una historia del pasado al público actual, cambian absolutamente el espíritu del original. En el caso de Troya (Wolfgang Petersen, 2004), adaptación de la Ilíada, vemos, por ejemplo, que la larga lista de hijos del de Troya se reduce a Héctor y Paris. Fenomenal. Pero también comprobamos que la acción eficaz de los dioses y su existencia desaparece por completo. Esta eliminación supone una transformación substancial del sentido de la mitología arcaica. Los héroes griegos se convierten en metrosexuales californianos y sus ideales se reducen a los de un adolescente crepuscular del Bronx.

Imagen promocional de Troya

Imagen promocional de Troya

4. En el último escalafón del uso de la licencia narrativa tenemos el caso de la historia ficción que se presenta como verdadera historia. Si alguien que sabe del tema denuncia la farsa, los autores suelen decir: “Bueno, sólo es una película. ¡Qué más da!”. “¡Qué más da!” pero ahí queda. En este tipo de licencias narrativas que suelen tener grandes motivaciones ideológicas en la trastienda, encontramos cintas como Ágora (Alejandro Amenábar, 2009). Cuando en una película basada en hechos reales veáis a personajes con los ojos inyectados en sangre desconfiad de su correlación con la realidad que pretende mostrar.

Fotograma de Ágora, de Amenábar

Fotograma de Ágora, de Amenábar

Si conocéis más ejemplos de licencias narrativas que puedan ser interesantes no dudéis en compartirlos.

 

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Arturo Encinas

Arturo Encinas

Soy comunicador audiovisual, máster en Cinematografía y en Humanidades. Llevo vinculado a Apóstrofe desde 2011. He dirigido cuentas de clientes de diferentes sectores y desarrollado labores de community management, organización de eventos y marketing on line. Además, soy el responsable del área de producción audiovisual. En mi tiempo libre -ese que no tengo- me dedico al análisis cinematográfico.