Hace siglos tener una imagen, por ejemplo de un antepasado, era algo excepcional. Pocos podían permitirse contratar a un pintor solvente y costear los materiales que utilizaba. Avanzado el tiempo comenzó a haber más pintores por un lado (muchos de ellos con buena técnica e ideas) y más burgueses por otro. La posesión de obras pictóricas era una muestra del poderío del burgués. Las cuadros eran colocados en su casa, “palacete”, tienda, etc. Quien podía pagar un cuadro era una persona o entidad de cierto nivel. Ese cuadro hablaba de su dueño. En épocas pasadas, muchos pintores -desconocidos para nosotros- se ganaron la vida “haciendo” un poco más grandes a esos burgueses y sus negocios.

Hace algo más de un siglo, europeos y americanos -sobre todo- comenzamos a filmar películas e informativos para exhibirlos en salas cinematográficas. Sólo grandes empresas de entretenimiento e información podían dedicarse a estas labores (algún juguetero francés también). Con el paso del tiempo las grandes empresas comenzaron a producir anuncios para televisión y salas de exhibición. Incluso muchos ciudadanos pudieron comprar pequeñas cámaras para grabar sus películas caseras. Poco a poco, la producción audiovisual se ha hecho asequible a muchos, independientemente de su talento para la creación de imágenes en movimiento.

Hoy en día, al igual que hace siglos, las empresas siguen necesitando de artistas/artesanos anónimos que pinten sus cuadros para colgarlos en un lugar visible. Las pequeñas obras pictóricas de ayer son los vídeos de hoy (corporativos, de producto, testimoniales, reportajes, vídeo noticia, resúmenes de eventos). El “lugar visible” de antaño es el Internet de nuestros días. El artista/artesano anónimo de la Modernidad es ahora una persona o un equipo de producción audiovisual.

En Apóstrofe Comunicación también nos dedicamos a pintar los cuadros (producir los vídeos) que las empresas de hoy quieren colgar en su sede o tienda (web y redes sociales). A veces contamos con más recursos, a veces con menos, pero siempre procuramos que, según los medios con los que contamos, el vídeo transmita de la mejor forma posible la esencia de la empresa y su trabajo.

Algunos clientes quieren un bodegón (un vídeo de producto).

Otras empresas quieren un retrato mientras trabajan, como Jovellanos (vídeo de empresa o corporativo).

Hay instituciones  que encargan una serie entera de cuadros que cuenten una historia, un retablo con muchas escenas o una auténtica colección temática de tapices (serie de cortometrajes documentales).

Otros piden un lienzo que capte el ambiente y mensaje de un evento de relevancia cultural (vídeo resumen de un evento).

El tema casi no importa, nos atrevemos a realizar todo tipo de vídeos. El presupuesto se asume sea cual sea. Los plazos de entrega también se asumen. Lo que nunca falta es nuestro esfuerzo de adecuar a la identidad de la empresa la imagen que se transmite de ella. Y, sobre todo, siempre se pretende poner de relieve lo que diferencia a esa empresa y lo que aporta a la sociedad.

Nuestros pequeños cuadros burgueses (vídeos para empresas) no son las grandiosas creaciones en gran formato (largometrajes de ficción y series de TV) que se colocan en las catedrales y los palacios (salas de proyección y canales de televisión) pero la materia prima con la que trabajamos es la misma (la imagen en movimiento) y la pasión por pintar bien el lienzo, también.

 

 

 

 

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Arturo Encinas

Arturo Encinas

Soy comunicador audiovisual, máster en Cinematografía y en Humanidades. Llevo vinculado a Apóstrofe desde 2011. He dirigido cuentas de clientes de diferentes sectores y desarrollado labores de community management, organización de eventos y marketing on line. Además, soy el responsable del área de producción audiovisual. En mi tiempo libre -ese que no tengo- me dedico al análisis cinematográfico.