Según Andrew Hutchinson, el empleo de emojis es una de las cinco tendencias en social media marketing para 2016. Hutchinson otorga una trascendencia absoluta a la nueva barra de emojis de Facebook (que sirve para “reaccionar” ante los post). Ve en esta decisión una suerte de augurio sobre lo que está por venir en marketing digital. Como todo augurio, ya venga por la vía de la cartomancia, la ornitomancia, o la emojimancia, debe ser bien leído, pues no todas las interpretaciones son válidas.

Está comprobado que la utilización de emojis aumentan mucho el engagement en redes sociales. Un “experimento” de Larry Kim lo demuestra. Kim argumenta que el poder de los emojis, muchas veces, es superior al de las palabras porque conecta emocionalmente con otras personas de forma más intensa. Hoy, somos más sensibles a un emoji que a muchas palabras. Además, leemos más rápido las imágenes que el texto.

La analítica de datos tanto en web como en redes sociales (¡sobre todo en redes sociales!) tendrá que tomar en cuenta los emojis. Los analistas tienen que saber responder a las siguientes preguntas: ¿qué significa la utilización de este emoji?, ¿qué indica el empleo de esta combinación de emojis?, ¿qué emojis están relacionados con qué temas?, ¿cuáles son las tendencias en emojis para 2017 según los datos de 2016?

Más allá del éxito de los emojis en las redes sociales, estos bichos también triunfan en campañas internaciones de refrescos, por ejemplo. La hegemonía de los emojis, “hemojismonia” o “emojismania”, es un dato indiscutible que debiera hacernos pensar más allá de la pura analítica web.

Hemos de preguntarnos si lo que es una aplicación fantástica para una campaña de Pepsi puede servir para comunicarnos entre nosotros de ordinario. Me parece significativo que tendamos a relacionarnos como si fuéramos botellas de refresco. Si los emojis son el lenguaje de nuestros días, como dice el CEO de PepsiCo, podemos hacernos una idea de la forma elemental de pensamiento que genera. No nos extrañe que el hombre moderno cada vez entienda menos los grandes discursos, los conceptos de largo recorrido y que sea incapaz de asimilar las ideas elaboradas. El vacío que dejan las proscritas Humanidades, ¿lo rellenarán los emojis?

Por si alguien lo dudaba -yo, por ejemplo- los emojis (y todo lo que los acompaña) no son una tontería aunque rabiosamente lo parezcan. Muchos hemos podido mirar con desdén esta forma de comunicación por el contexto en que surge. Cada vez leemos menos. Al tiempo, tenemos mayor facilidad -¿y necesidad?- para comunicarnos con rapidez. Se suma a esto que en la esfera pública (medios de masas y masas de medios) se adopta una forma de hablar “más relajada”. Nos hacemos amigos del 😉 para expresarnos con más frescura. Etcétera. Así es como poco a poco vamos abandonando el buen uso del lenguaje que, en último término, es el camino hacia el buen pensar y el buen vivir.

Una imagen no vale más que mil palabras. Una palabra vale una palabra. Una imagen vale una imagen. El uso excluyente de una o de otra es una pobreza. El lenguaje es una conquista milenaria y contiene la sabiduría oceánica de generaciones y generaciones. Es conveniente no olvidar esto. No nos creamos más listos que los antiguos sólo porque tenemos Internet; no basta con disponer de él, hay que saber utilizarlo para que nos haga mejores. La grandeza de los sabios antiguos no residía en sus conocimientos enciclopédicos sino en su capacidad de pensar con rigor.

El reto de los emojis, más allá de la cuestión de la analítica (absolutamente secundaria y casi siempre al servicio de los intereses mercantilistas de empresas de diversa catadura) es su integración en nuestra forma habitual de comunicarnos por escrito: la palabra. Los emojis deben enriquecer nuestro lenguaje (y, por ende, nuestro pensamiento) no empobrecerlo.

 

 

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Arturo Encinas

Arturo Encinas

Soy comunicador audiovisual, máster en Cinematografía y en Humanidades. Llevo vinculado a Apóstrofe desde 2011. He dirigido cuentas de clientes de diferentes sectores y desarrollado labores de community management, organización de eventos y marketing on line. Además, soy el responsable del área de producción audiovisual. En mi tiempo libre -ese que no tengo- me dedico al análisis cinematográfico.