Calma, calma, de acuerdo: durante todo el año nos dedicamos a pensar y en vacaciones “casi que preferimos escaquearnos” y no hacerlo, porque identificamos “pensar” con “trabajar”. Elegimos otras opciones para desconectar, tales como dormir largas siestas, ver esas series que nos han quedado pendientes durante el año, jugar con los niños… ¡Enhorabuena si es así! Si esto nos sirve para descansar, a la vuelta estaremos frescos como lechugas y preparados para afrontar cualquier reto: nuestra productividad aumentará.

Sin embargo, ¿no es cierto que también disfrutamos de algún momento de silencio, de conversaciones con amigos, con la familia, de reencuentros con los vecinos de la playa o la montaña o incluso de nuevos encuentros? Aquí quería llegar: todos tenemos “una responsabilidad” no sólo en vacaciones sino cada día del año, pero en período vacacional ¡no hay excusa! Os invito a compartir “mi responsabilidad” para las vacaciones: PENSAR con mayúsculas, lo que para mi viene acompañado de ciertos matices:

  1. Pensar en los demás. Este verano quiero asumir por fin que mi realidad no se limita a mi persona y mi entorno más inmediato. Aunque no está mal que piense en el “prójimo” más “próximo” (de ahí deriva la palabra) hay vida más allá. Hay infinidad de personas, con las que puedo cruzarme a diario, que quizás incluso pasen muchas horas cerca de mí (físicamente) a las que directamente ignoro. Si no he caído hasta el momento, es hora de levantar la vista, mirar alrededor y prestar atención a los demás. Todos necesitamos que alguien nos atienda de cuando en cuando, hasta los que menos lo aparentan, los más discretos.
  2. Pensar bien de los demás. No es cierto el horrible dicho “piensa mal y acertarás”, que nos repetimos machaconamente ante personas desconocidas, situaciones imprevistas que no controlamos o circunstancias adversas. Creo que la raíz de que pensemos mal está en nuestro miedo a lo desconocido.
  3. Pensar qué puedo hacer yo, no mi vecino de sombrilla, mi amigo o mi hermano, para mejorar una relación personal o profesional. No cabe exigir a una persona que cambie para adaptarse a mis expectativas, mi forma de hacer las cosas o mis gustos. Puedo y debo ser más flexible.
  4. Pensar qué puedo hacer yo, en primera persona, para cambiar el mundo e influir positivamente. No quiero volver a quejarme de los políticos, el paro, la pobreza, o cualquier otra situación “global” y por tanto “ajena”. Es una falacia. Mi responsabilidad es pensar y aportar lo que pueda para cambiar la realidad, aunque parezca una aportación insignificante. Ese es el punto de partida.
  5. Pensar por mí mismo. Me niego a ser el altavoz de tertulianos, líderes de opinión, televisiones, series de ficción, corrientes artísticas postmodernas, que han manipulado mi pensamiento durante años. He dudado sobre la belleza, la verdad y la bondad durante demasiado tiempo. A partir de ahora, intentaré pensar por mí mismo y para ello me formaré y no impondré mi pensamiento a nadie.

Esos paseos por la playa

Y sí, os propongo alguna lectura que será difícil que no os ayude a pensar por vosotros mismos y a la vez sea un placer, os divierta y enriquezca más que el primer premio de la Bonoloto. Ensayo, novela, ensayo: Música para leer (Siete notas para amar la música) Íñigo Pirfano, Plataforma editorial 2015; El barón rampante, Italo Calvino, Siruela, 2009; Del resentimiento al perdón (Una puerta a la felicidad) Francisco Ugarte Corcuera, Rialp, 2004 (80 páginas que han cambiado la vida a MUCHA gente).[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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María APTF

María APTF

Fundé Apóstrofe en 2009, tras 12 años de experiencia en agencias, para proporcionar la máxima calidad en los servicios ofrecidos, a través de la identificación total del equipo con el cliente. Soy periodista, filóloga y máster en estudios literarios. Considero que la comunicación, la educación y las humanidades son la clave para cambiar el mundo.